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miércoles, 27 de febrero de 2008

El compañero de Ana Frank


Este chico es Peter Schiff, refugiado con Ana Frank. Es el chico al que ella escribe en el fragmento que copié el otro día. La foto fue donada al museo de Ana Frank por Ernst Michaelis, que era un amigo de Peter de cuando eran pequeños. Ernst se dio cuenta, tras releer el diario de Ana Frank, de que no habían fotos conocidas de Schiff y recordó que él sí tenía una.

viernes, 22 de febrero de 2008

ANNA FRANK

Una de las tareas "extra" que debo hacer es trabajar los signos de puntuación, es decir, darme cuenta de que existen y eso. Para eso hay que leer y mamá me busca libros un poco interesantes. Hoy hemos hecho una especie de juego: ha cogido el Diario de Ana Frank y hemos buscado qué escribió un dia 23 de febrero y ha sido una pasada total (lo pongo en otra entrada).
Yo ya sabía quien era Ana Frank porque ese libro, su Diario, me lo han ido leyendo a ratos desde que era muy pequeño, pero mi padre me anima a que escriba sobre ella y busque datos porque dice (y es verdad) que muchos niños de mi clase seguro que no la conocen y que tampoco saben nada de la Shoa y que como tengo que escribir mejor que lo haga de cosas que me interesen.

FRAGMENTO DEL DIARIO DE ANA FRANK


Miércoles, 23 de febrero de 1944

Mi querida Kitty:
Desde ayer hace un tiempo maravilloso fuera y me siento como nueva. Mis escritos, que son lo más preciado que poseo, van viento en popa. Casi todas las mañanas subo al desván para purifi-car el aire viciado de la habitación que llevo en los pulmones. Cuando subí al desván esta mañana, estaba Peter allí, ordenando cosas. Acabó rápido y vino adonde yo estaba, sentada en el suelo, en mi rincón favorito. Los dos miramos el cielo azul, el castaño sin hojas con sus ramas llenas de gotitas resplandecientes, las ga-viotas y demás pájaros que al volar por encima de nuestras cabezas parecían de plata, y todo esto nos conmovió y nos sobrecogió tanto que no podíamos hablar. Peter estaba de pie, con la cabeza apoyada contra un grueso travesaño, y yo seguía sentada. Respira-mos el aire, miramos hacia fuera y sentimos que era algo que no había que interrumpir con palabras. Nos quedamos mirando hacia fuera un buen rato, y cuando se puso a cortar leña, tuve la certeza de que era un buen tipo. Subió la escalera de la buhardilla, yo lo seguí, y durante el cuarto de hora que estuvo cortando leña no di- y jimos palabra. Desde el lugar donde me había instalado me puse a observarlo, viendo cómo se esmeraba visiblemente para cortar bien la leña y mostrarme su fuerza. Pero también me asomé a la ventana abierta, y pude ver gran parte de Amsterdam, y por en-cima de los tejados hasta el horizonte, que era de un color celeste tan claro que no se distinguía bien su línea.
-Mientras exista este sol y este cielo tan despejado, y pueda yo verlo -pensé-, no podré estar triste.
Para todo el que tiene miedo, está solo o se siente desdichado, el mejor remedio es salir al aire libre, a algún sitio en donde poder y estar totalmente solo, solo con el cielo, con la Naturaleza y con Dios. Porque sólo entonces, sólo así se siente que todo es como debe ser y que Dios quiere que los hombres sean felices en la hu-milde pero hermosa Naturaleza.
Mientras todo esto exista, y creo que existirá siempre, sé que toda pena tiene consuelo, en cualquier circunstancia que sea. Y estoy convencida de que la naturaleza es capaz de paliar muchas cosas terribles, pese a todo el horror.
¡Ay!, quizá ya no falte tanto para poder compartir este sentímiento de felicidad avasallante con alguien que se tome las cosas de la misma manera que yo.

Tu Ana

P. D. Pensamientos: A Peter.
Echamos de menos muchas, muchísimas cosas aquí, desde hace mucho tiempo, y yo las echo de menos igual que tú. No pienses que estoy hablando de cosas exteriores, porque en ese sentido aquí realmente no nos falta nada. No, me refiero a las cosas inte-riores. Yo, como tú, ansío tener un poco de aire y de libertad, pero creo que nos han dado compensación de sobra por estas ca-rencias. Quiero decir, compensación por dentro. Esta mañana, cuando estaba asomada a la ventana mirando hacia afuera, mi-rando en realidad fija y profundamente a Dios y a la Naturaleza, me sentí dichosa, únicamente dichosa. Y, Peter, mientras uno siga teniendo esa dicha interior, esa dicha por la Naturaleza, por la sa-lud y por tantas otras cosas; mientras uno lleve eso dentro, siem-pre volverá a ser feliz.
La riqueza, la fama, todo se puede perder, pero la dicha en el corazón a lo sumo puede velarse, y siempre, mientras vivas, vol-verá a hacerte feliz.
Inténtalo tú también, alguna vez que te sientas solo y desdi-chado o triste y estés en la buhardilla cuando haga un tiempo tan hermoso. No mires las casas y los tejados, sino al cielo. Mientras puedas mirar al cielo sin temor, sabrás que eres puro por dentro y que, pase lo que pase, volverás a ser feliz.